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Fallece el guitarrista Gary Moore a la edad de 58 años

Fallece el guitarrista Gary Moore a la edad de 58 años

Nuevamente tenemos que incluir una mala noticia en nuestro blog, esperemos que esta mala racha acabe pronto. Y es que el mundo del rock en general, y del blues en particular,vuelve a estar de luto. Ayer por la tarde nos quedábamos atónitos al conocer la noticia de la repentina muerte de Gary Moore, fallecido ayer día 6 de febrero, a la temprana edad de 58 años en un hotel de la localidad malagueña de Estepona por causas que se desconocen. Esto supone el adiós de uno de los más famosos embajadores de un género esencial en la música. Guitarrista de amplias dotes, Moore formó parte de esa generación de músicos europeos que en los sesenta, en plena eclosión del rock, admiraron desde jóvenes las esencias del blues americano que cruzó el Atlántico y experimentaron sobre su base rítmica, a la vez que ampliaban sus horizontes estilísticos.

Nacido en Belfast (Irlanda del Norte), Moore era el guitarrista irlandés más conocido del mundo gracias a sus numerosas participaciones con grandes del blues como B. B. King o Albert Collins, dos de sus maestros, y a su pertenencia fugaz pero  muy recordada en Thin Lizzy, la banda de raíces blues más fascinante de la escena irlandesa. Su carrera en solitario, llena de altibajos y experimentos varios, fue reconocida sobre todo por sus aplaudidos directos y discos más que notables, como  Victims of the future, After hours o Still got the blues.

De la escuela británica de guitarristas amantes del blues, como Eric Clapton o John Mayall, Moore siempre tuvo de referencia a los pioneros afroamericanos del género, pero su influencia más directa y reconocible fue Peter Green, guitarrista de Fleetwood Mac. Como Green, no destacaba tanto por su fraseo rápido como por su expresividad, donde no había problemas para las recreaciones sin perder el sentido del ritmo.

Con la cabeza llena de discos de blues, Moore, que se aficionó a la guitarra con no más de siete años, mientras acudía al salón de baile que regentaba su padre, no era mayor de edad cuando comenzó su carrera profesional al entrar a formar parte de Skid Row (no confundir con la banda de New Jersey liderada por Sebastian Bach) grupo en el que el guitarrista conoció a Phil Lynott, futuro líder de Thin Lizzy.

La salida de Eric Bell de Thin Lizzy permitió que Lynott llamara a filas a Moore. El guitarrista permaneció en la banda durante cuatro meses y, a partir de entonces, volvió a ella de manera intermitente, llegando a grabar como guitarrista oficial del grupo el maravilloso álbum Black Rose (1979). Tres meses después de la aparición del mismo, Moore abandonó el grupo abruptamente en mitad de una gira, aunque su relación con Lynott continuó hasta la muerte de éste, tanto en lo profesional como en lo personal.

Sin embargo Moore, siempre inquieto y deseoso de manejar su futuro profesional, estaba llamado a hacer carrera en solitario, aunque fue reseñable su intento de tocar dentro de una banda cuando se unió al grupo BBM junto a Jack Bruce y Ginger Baker, base rítmica de Cream. Antes de finalizar la década Moore ya contaba con un par de álbumes a su nombre y un single en el Top 10 británico, Parisienne Walkways (co escrito, precisamente, por Lynott). Llegaron los 80 y, con ellos, una serie de grabaciones que le situaron en el firmamento del heavy blando o del rock duro, según se mire.

Durante años, Moore se postuló como un guitarrista aficionado a diversos estilos desde el heavy rock hasta la música celta, que le llevaron por sendas demasiado pantanosas. Sin embargo, no quiso dejar de reivindicar su pasado blues y, de esta forma publicó en 1990 el destacado Still got the blues (con las colaboraciones de Albert Collins, Albert King y George Harrison) o en 2001 Back to the blues. A partir de este giro hacia el blues a primeros de los 90, Gary Moore tuvo la maldición de quienes están en tierra de nadie. Los heavys le consideraron un traidor y los aficionados al blues nunca le aceptaron, teniéndole por un rockero reciclado. Nada más lejos. Con los años, el irlandés fue desarrollando un estilo muy personal en el que consiguió aunar la contención emocional del blues con el desenfreno del rock. Como ocurre con los grandes, adquirió una forma de tocar única y completamente reconocible que le acompañaría hasta el fin de sus días.

En la última década, su figura había adquirido talla de maestro en el Reino Unido y para buena parte de Europa, donde siempre gozó de más reconocimiento que en Estados Unidos.

Los años pasan pero la música perdura así que no se me ocurre mejor forma de recordarlo que con una de mis canciones preferidas de Thin Lizzy: "Roisin Dubh (Black rose): A rock legend". Descanse en paz:

 

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